Parecería que la violencia doméstica está empezando a ser una noticia naturalmente cotidiana.Parecería que la violencia entre padres y docentes no encuentra respuesta.Parecería que el hecho de que nuestros adolescentes se peguen y lastimen mientras otro filma y lo sube a la web, significa que los “jóvenes” están muy mal…
Siempre les pasa a otros que salen en la TV, nunca tiene que ver con nosotros… Las escuelas se sienten violentadas por las familias, las familias por las escuelas, los niños y jóvenes se sienten solos y poco escuchados – Lo recibimos cotidianamente en nuestras consultas. ¿Saben cuál es la palabras que más entra en nuestro Blog?: FORZADO
¿Realmente creemos que ESAS dinámicas violentas no tienen que ver en nada con nosotros? Vamos a ver algunos ejemplos de circuitos violentos:
EJEMPLO
En un colegio de esta Capital, luego de la fiesta de fin de año que se realizó un día sábado, los chicos llegan al colegio el lunes y les informan que van a realizar un sorteo ”para integrar” el grupo A y el grupo B. Estamos hablando de niños de 10 y 11 años. Frente a la queja de los niños, se les insistió que era para que se conozcan para ver cómo se llevaban ya que al año siguiente quizás los mezclaran. ”Sortearon” 4 varones y 4 mujeres de cada grupo. Los chicos denunciaron que hubo papeles que se sacaron y se volvieron a poner. 18 quedaban en su grupo y 8 ”integrados” a otro.Los docentes desconocían este movimiento, los niños y los padres también. La COMUNIDAD EDUCATIVA la conformamos todos, cuando la decisión es unilateral, cuando falta la comunicación es maltrato.
Insistirle a alguien que lo que siente (desconcierto, incertidumbre, angustia, enojo) no es así, que se tiene que poner contento: es manipulación, es violento.
Si prestamos atención. esto lo escuchamos todos los días la las salidas de los colegios, pero como sucede cuando uno no quiere o no está disponible para escuchar – el síntoma sube el volumen. Por ejemplo queriendo “integrar” desintegrando un grupo a tres semanas de terminar las clases. Cambiando a chicos de su grupo de pares, de su aula, de su maestra de Inglés antes del terminar el ciclo lectivo. La palabra es mediadora entre nuestro universo interno y lo que sucede con otros, cuando no hay palabra que nombre lo que sucede hay violencia.
La mayoría los chicos de colegios de Capital Federal, expresan que en el comedor el nivel de gritos es intolerable, que hay docentes que amenazan para que se callen. Si los padres van a hablar luego les preguntan a los chicos qué es lo que dicen en casa. Escuchan oraciones como “ explico una vez y no explico mas” … ” si no sabe una palabra , busque en el diccionario” …. ” vaya y piense” ….Nos informan que hoy existen colegios que les hacen escribir a los chicos 50 veces fases como ” cuando suena el timbre hago silencio y me formo” . Esas modalidades educativas lejos de enseñar nuevos aprendizajes generan sobreadaptación – costo elevadísmo para nuestro psiquismo. Cuando la “excelencia académica” no está acompañada de sostén emocional en el proceso de enseñanza aprendizaje, los costos lo llevan los chicos…que luego devendrán estos adolescentes “que están tan mal”.
No podemos ignorar que si sembramos violencia obtendremos eso mismo en el futuro.
El costo lo pagamos todos, sobre todo los niños y jóvenes que aún no tienen recursos para decidir por sí mismos, que aún no pueden comprender y desactivar solos estos circuitos violentos. Para eso necesitan de nosotros los adultos.
En los Talleres o en las consultas cotidianas que recibimos hay una pregunta que se repite: ¿Cómo hacemos?
Para bailar el tango se necesitan dos. Las dinámicas violentas – en niños, adolescentes y adultos requieren dos partes: agredido/agresor.
¿Cómo hacemos para cambiar? Con CONCIENCIA. Nombrando, mostrando, no naturalizando que tengamos que recibir ese tipo de trato.
Es incómodo hablar de esto, pero ante todo debemos revisar como familias qué tipo de vínculos elegimos para nuestros hijos. Siempre son dos caras de la misma moneda.
Preguntémonos primero, como padres nosotros gritamos, pegamos, manipulamos, amenazamos? Si esta es mi modalidad vincular va ser muy difícil que registre y pueda desactivar estos mismos circuitos violentos en el afuera.
Primero debemos empezar por desarticular nuestros circuitos violentos cotidianos.
No se trata de encontrar culpables, sino de SANAR NUESTROS VÍNCULOS – Desde nuestro abordaje, la manera de sanar es empezando a REGISTRAR que estos circuitos violentos implican un INVOLUCRARSE…
Involucrarse implica DECIDIR, ELEGIR y actuar en consecuencia.
La pregunta final, si los adultos no nos preguntamos siquiera por qué pasan estas cosas ¿Quién paga el costo de no desactivar estos circuitos?
Lic. Roxana Ale