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Destape adolescente

Destape adolescente

 

Queremos compartir este artículo publicado en La Nación, en le cual diferentes profesionales nos informan acerca de las prácticas sexuales adolescentes. Es sobre todo un ALERTA acerca de la falta de información. Preguntar, indagar, hablar con ellos, informarlos, consultar con los profesionales adecuados, es nuestra responsabilidad como padres. No los dejemos solos…

Diario LA NACION  Domingo 2 de diciembre de 2007 | Publicado en edición impresa

Sociedad

Sexualidad adolescente: la edad de la desinhibición

El destape sin pudor alguno es hoy una de las características del modo desprejuiciado en que chicos y chicas, en muchos casos en edad escolar, se relacionan entre sí
Por María Cecilia Tosi

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  • Sexualidad adolescente: la edad de la desinhibición Foto: Fotoilustración: Mariana Trigo Viera

La fiesta explotaba. La música del quincho llegaba afuera e invitaba a entrar, pero el chico de la puerta tenía orden de no dejar pasar a nadie más. Un grupito de amigas, que no superaban los 16 años, se impacientaba en la cola. De pronto, una de ellas se aproximó y le dijo algo al oído. Lo convenció: todas adentro. Un rato después, y con unas cervezas encima, esa misma adolescente se arrodillaba y le practicaba sexo oral al de la puerta, en un rincón no demasiado apartado. Deuda saldada. Ocurrió hace un par de meses, en una fiesta de menores de 17 años de un club de rugby de San Isidro.

La anécdota, lejos de ser un sorpresivo caso aislado, puede servir para pintar un comportamiento que se repite en boliches, reuniones y escuelas: una abierta y desparpajada desinhibición sexual, que derriba antiguos pudores y tabúes, es la marca de la adolescencia de estos tiempos. Pero donde esta deshinibición encuentra su mejor vidriera e incentivo es en la tecnología fácil y rápida que ofrece Internet -en la que los chicos tienen más competencia que los grandes-, con su explosión de fotologs, foros y chats que se vuelven adictivos para los más jóvenes.

La adolescencia es una etapa en la que los chicos comienzan a construir su identidad y a demarcar su propio espacio, lejos del mundo de los adultos. Para los médicos especializados, corresponde a la totalidad de la segunda década de la vida. El término teenager , en cambio, hace un recorte que va de los 13 a los 19 años de edad. En este proceso de descubrimiento de sí mismos, de la sexualidad y del mundo que los rodea, se juega un sistema de valores construido en base a cuatro actores: la familia, los medios de comunicación, el grupo de amigos y la escuela. El orden de preeminencia de uno u otro varía según los casos, pero lo que es seguro es que hubo un cambio radical respecto de la época en que los mandatos familiares representaban influencias determinantes.

Basta sentarse un rato con cualquier adolescente para escuchar historias que pueden erizar la piel de un adulto: sesiones de sexo oral en público, besos entre chicas, niñas que exhiben su incipiente cuerpo de mujer -en ropa interior o desnudas- en Internet…

Los especialistas consultados por LA NACION coincidieron en que, más que juzgar o moralizar sobre la conducta de los chicos, hay que analizar el contexto en el que están creciendo: una cultura visual cargada hasta la saturación de imágenes relacionadas con el erotismo y la sexualidad.

Hoy todos [mujeres y varones] quieren pasarla bien en el momento y con el que pinte”, dice Lucas, de 17 años, alumno de 5to año de un colegio del barrio de Tolosa, en La Plata.

En ciertos casos, sin embargo, pareciera que el destape está claramente promovido por los adultos cuyo negocio es el entretenimiento adolescente. En los inicios de la pubertad, a los 13 años, los chicos se relacionan entre sí con las “transas”: besos en la boca que, hace rato, dejaron de ser patrimonio exclusivo de los noviecitos. En las matinées de la mayoría de los boliches, en el horario más temprano (de 20 a 24), están de moda las llamadas “fiestas del dólar”. Son así: en la entrada, los organizadores reparten a los varones dólares de fantasía que sirven para “comprar” regalos como osos de peluche, remeras o mochilas. La idea de la fiesta es que las damas “transen” con los chicos para que éstos les cedan sus billetes, como un intercambio de favores. De modo que la niña que se va triunfante con el oso de peluche gigante (que en el boliche cuesta cerca de 50 “dólares”) es porque ha besado con gran pasión a varios compañeros.

Los viajes a Bariloche de los chicos que terminan el secundario son otro ejemplo. En la última noche, las empresas organizadoras homenajean a los egresados con una fiesta de disfraces. Los trajes los proveen los coordinadores (a quienes hay que pagarles 20 pesos por el alquiler) en una oferta sugestiva: los varones pueden optar entre sotanas de monje o villanos de historieta como el Acertijo o el Guasón, entre otros, mientras que los disfraces de las mujeres sólo varían entre enfermerita sexy, policía con portaligas o conejita de Playboy .

Chicas avasalladoras En general, las chicas parecen llevar la delantera en este huracán. Los varones de su edad dicen que ellas son las que están “más zarpadas”. La psicóloga Diana Rizzatto, presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar, recuerda que el nuevo siglo está caracterizado por el avance de la mujer en espacios tradicionalmente ocupados por los hombres. “Hay un cambio en lo que se espera del género femenino. Antes, la virginidad era un valor; hoy se podría decir que es al revés”. Y agrega: “Los chicos muchas veces se sienten avasallados por las mujeres o atrasados en su maduración sexual.”

Así, el destape convive con preconceptos más tradicionales. ¿Te pondrías de novio con una chica que te practica sexo oral en un boliche?, le preguntó LA NACION a Felipe, un estudiante de primer año de Derecho de la Universidad Católica Argentina (UCA). “Nooo, para formalizar prefiero una chica más reservada”, contestó con franqueza.

Entre las quinceañeras, el tema del sexo oral es toda una cuestión. Las chicas piensan que de esa manera pueden relacionarse sexualmente sin perder la virginidad ni correr riesgos a contraer embarazos y con la percepción errónea de que no hay contagio de enfermedades por esta vía.

“Para un varón siempre es más top conseguir un pete que una transa”, opina Emilio, de 18 años recién cumplidos, residente de Olivos. En el lenguaje corriente de los adolescentes, practicar sexo oral es “hacer un pete”. Esa denominación dio lugar a un nuevo verbo -”petear”- y a un adjetivo calificativo aplicado a la mujer que lo practica: “petera”. La expresión remite más al chupete que a una relación sexual en sí misma.

“Las chicas creen que la relación sexual es sólo la penetración. Por eso practican una felatio en cualquier lugar: un boliche, una fiesta. Lo grave es lo mal informadas que están.

Desconocen que con una felatio pueden contagiarse sífilis, HPV [virus del papiloma humano] y hasta sida, si hay lesiones en la boca”, describe la ginecóloga Alejandra Giurgiovich, miembro de la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil. Según una encuesta que esa institución realizó en 2006, el promedio de edad de iniciación sexual (con penetración) es de 15 años entre los varones y de 16 entre las mujeres.

El alcohol es otro estimulante para la desinhibición. Una parte importante del programa nocturno de los chicos es la previa: juntarse en una casa, en una plaza o en un auto a tomar, para luego ir a la fiesta o al boliche.

Un sábado de este invierno, unos cuarenta chicos de 15 y 16 años iban a bailar a Coyote (en el partido de San Miguel) en un micro dispuesto por el propio boliche, cuyo punto de partida había sido el barrio de la Recoleta. Eran compañeros de un colegio privado, católico y bilingüe de la zona de Palermo Viejo. Pasada la una de la madrugada, los adolescentes se entonaban durante el viaje con el “jugo loco”, una mezcla fuerte de vodka con jugo de naranja. Entre risas y música de reggaeton , un chico desafió a una compañera, que decidió seguirle el juego. Se fueron a los asientos traseros y ella le practicó sexo oral a la vista de todos: un acto íntimo convertido en público y exhibido como osadía -en el caso de ella- y como triunfo -en el caso de él-.

Balardini enmarca esta conducta en un fenómeno más amplio: “Desde los años noventa a esta parte, hubo un cambio en la relación entre lo público y lo privado. Antes, el pudor tenía que ver con el espacio de la intimidad. Hoy, esas barreras se corrieron completamente. Ese es el sentido, por ejemplo, de Gran Hermano “.

La historia llegó a oídos de Carolina, la madre de una de las chicas que viajaba en el colectivo que iba al boliche. “Intento hablar todo con mi hija, pero veo que los otros padres no hacen lo mismo, están en Babia. Para muchos es más cómodo estar en la suya y no enterarse de qué hacen sus hijos”, opina. “Hace poco hubo una reunión de padres porque un compañero terminó en el hospital con un coma alcohólico y me indignó la negación de los adultos sobre estas cuestiones que todos sabemos que pasan”.

Para Rizzatto, experta en terapia familiar, la mayoría de los padres están “desorientados”. Se explaya: “Esta es una generación de padres que tiene miedo a sus hijos, como antes habían tenido miedo a sus padres. Los chicos avanzan con su vehemencia y los adultos tienen dificultades para decir que no”.

Pese a que crecen en un mundo hiperestimulado, los chicos de hoy, como antaño, no se animan a hablar de sexo con sus padres. “Si querés saber algo de sexo, le preguntás a una amiga. A la última persona que le contás algo es a tu mamá. ¡No da!”, dice Mariana, 16 años, rubia, vestida de marca, nacida y criada en Barrio Norte.

Llamar la atención De octubre a diciembre, la agenda de Mariana está marcada por decenas de fiestas de egresados. Cuenta que, en esos festejos, la última moda es besar a personas del mismo sexo. “El otro día fui a una fiesta y los egresados se pusieron en círculo, los varones se daban piquitos y dos amigas apretaban y se reían; estaban todos re en pedo”, cuenta, entre risas. “Yo conozco a esas chicas y sé que les gustan los varones, sólo lo hacían para llamar la atención”.

(…) Pappolla detalla que este tema despertó un debate entre los especialistas de la Sociedad Argentina de Pediatría: “Las chicas vienen al consultorio y me cuentan que besaron a una amiga en el boliche, pero dicen que lo hacen para llamar la atención de los chicos. Lo relatan con suma liviandad. Entonces nosotros no sabemos cómo llamarlo: ¿eso es realmente bisexualidad? Recién estamos en la etapa de tratar de entender. Aún no tenemos conclusiones”.

(…)

ABULIA

ABULIA

Perdida total o parcial del interes originada en factores internos y externos que determinan o condicionan la voluntad del sujeto, en palabras de la vida: sensacion intensa de vacio del alma, de dolor en el cuerpo (dr.marcelo cabello)

  • Depresión, Tristeza y Apatía

Publicado en:www.inteligencia-emocional.org

Existe un relativamente gran número de cuadros que pueden clasificarse bajo el nombre de “depresión” . Sin embargo, básicamente podemos decir que es un estado anímico de tristeza mantenida que se acompaña además de otros síntomas corporales variados.

La persona deprimida refiere sentimientos de tristeza, pérdida de la capacidad para interesarse o disfrutar de las cosas, disminución de la atención y concentración, pérdida de confianza en si mismo, autorreproches infundados, desesperanza hacia el futuro, pesimismo y visión negativa de la propia vida, además de disminución de su vitalidad y cansancio exagerado, trastornos del sueño, apetito, sexualidad u otras funciones corporales. Estos síntomas pueden variar en intensidad o asociarse a otros dependiendo del tipo de depresión que se trate, de igual forma que pueden ir asociados o no a situaciones o sucesos particulares de la vida de la persona.

A pesar de que a nivel de la calle generalmente llamamos “depresión” a muchos de los estados que afectan psicológicamente a una persona, es muy importante precisar que un trastorno por angustia NO es una depresión, a pesar de que tras la aparición de una crisis la persona pueda sentirse triste o miserable durante unas horas o días.

Sin embargo, no es infrecuente que tanto las crisis de ansiedad como la depresión puedan coexistir en la misma persona. Bien porque las limitaciones impuestas por las propias crisis llegan a deprimir al sujeto, o bien por la aparición de crisis en personas ya deprimidas con anterioridad. En estos casos puede requerirse de tratamiento complementario pero, lo que es muy importante, debe reconocerse que junto a los temores hacia la aparición de una crisis, el propio estado de ánimo de desesperanza y falta de expectativas de mejoría pueden frenar al individuo en sus esfuerzos hacia la superación del cuadro.

Cuando usted está deprimido, su cuerpo se moviliza (o se desmoviliza) para desconectarse. Y cuando se siente feliz, su cuerpo se moviliza para asumir compromisos y acciones positivas. Se activan determinados músculos para apoyar ciertas acciones, y su cerebro envía mensajes especiales a sus glándulas endocrinas (que controlan la producción y la liberación de hormonas) y a su sistema nervioso autónomo (que regula los órganos sobre los cuales usted no ejerce control voluntario, como el corazón y el estómago).

Dirigir la energía hacia afuera es el primer paso para romper el ciclo de depresión que tiende a autoperpetuarse. La persona que se siente deprimida puede tener poca inclinación para salir y hacer algo. Estar deprimido consume una enorme cantidad de energía.

LA TRISTEZA COMO MECANISMO DE SUPERVIVENCIA

La tristeza debilita nuestro interés y nuestra energía ante las actividades de la vida normal. Desde el punto de vista evolutivo, esta falta de empuje iba destinada a que las personas debilitadas no se alejaran de sus viviendas, donde estaban más seguras. Para el ser humano moderno, la tristeza anímica es un indicador de que se ha chocado con barreras internas y externas. Las depresiones ‘sanas’ son una señal de alarma, nos advierten que ha llegado el momento de concentrarse en lo más importante, de prestar atención a la voz interior y reorganizar de nuevo o de forma más realista, determinados ámbitos de nuestra vida.

Siempre habrá situaciones en la vida que necesariamente provocarán las emociones que acompañan a la depresión, si queremos asumirlas de forma anímica. La tristeza es una reacción de adaptación, propia de nuestro organismo, que está llena de sentido. Pero cuando la melancolía y el abatimiento se convierten en compañeros constantes sin que haya para ellos un motivo concreto y reconocible, nos encontramos ante una señal de alarma.

NATURALEZA DE LA APATÍA

La apatía, por otro lado, es definida como impasibilidad del ánimo o también dejadez, indolencia, falta de vigor o energía. La persona apática es poco sensible a los acontecimientos y estímulos exteriores.

Se manifiesta, especialmente, en la falta de reacciones adecuadas a los estímulos afectivos. Los mecanismos fisiológicos de las emociones, sobre todo a cargo del pulso y la respiración, ya no encuentran eco en la conciencia del paciente. Aunque de naturaleza claramente psíquica, la apatía puede tener su origen en algunas toxicosis y trastornos cerebrales.

ESTADOS DEPRESIVOS

Los síntomas que presenta una persona deprimida pueden ser muy variados y con una evolución diferente en el tiempo.

Pero en general, cualquier persona deprimida es probable que presente un conjunto de síntomas y signos (o síndrome depresivo) que se puede reducir a cinco grandes núcleos:

· Síntomas anímicos: Tristeza, abatimiento, pesadumbre o infelicidad, son los habituales. A veces predomina la irritabilidad, sensación de vacío o nerviosismo. Incluso en casos de depresión grave se pueden negar los sentimientos alegando incapacidad de sentir.

· Síntomas motivacionales y conductuales: La apatía en hacer cosas, la falta de capacidad de disfrute, la desmotivación ante cualquier cosa que anteriormente causaba placer. Aparece, así mismo, un enlentecimiento generalizado de respuestas motoras, habla, gesto.

· Síntomas cognitivos: El rendimiento cognitivo está afectado. La memoria, la atención y la capacidad de concentración puede llegar a resentirse drásticamente, incapacitando el desempeño de tareas cotidianas. El contenido del pensamiento también está alterado, apareciendo la pérdida de autoestima, la inferiorización, la devaluación…

· Síntomas físicos: Aparecen problemas de sueño, pérdida de apetito y alteración del deseo sexual, molestias corporales difusas, dolores de cabeza o de otras partes del cuerpo, náuseas, vómitos…

· Síntomas interpersonales: Existe un deterioro en las relaciones con los demás. Se siente rechazo y aislamiento.